Este ruso de 21 años, Kirill Tereshin, ha buscado perseguir su sueño de tener los brazos más grandes del mundo, y ha decidido inyectarse aceite. Así lo hizo saber al subir su primera foto en Instagram, con un texto que decía: “Cuando me desperté, mis brazos habían vuelto a crecer”.¿

Pero eso qué tiene de malo?

Bueno, primero, nadie se va a dormir y de la noche a la mañana le crecen los músculos, y segundo, resulta que Kirirll llevaba varios días inyectándose Synthol en los bíceps, un aceite que se usa para abrillantar el cuerpo de los fisioculturistas antes de una competencia. Es por ello que ves sus brazos algo deformes y con 60 centímetros de ancho.

No, no lo hizo con esfuerzo y sudor, a lo que muchos expertos han respondido mostrando su preocupación al respecto o criticando la manera en la que pretende desarrollar su “musculatura”. Porque si lo pensamos un poco, esto no hace que te hagas más fuerza, ya que los músculos no están desarrollados apropiadamente.

¿Cómo es que comenzó con esto?

Comenzó por inyectarse 250 ml en los bíceps, pero descubrió que eso los haría crecer no más de 3 cm. Entonces decidió que necesitaba meterle litros a su cuerpo para lograrlo.

“Lo estaba haciendo y me dio fiebre de hasta 40 grados, estaba acostado en la cama, sintiendo que me estaba muriendo, pero todo salió bien”, dijo Kirill a The Sun. Aumentando sus brazos 26 centímetros en solo 10 días, hasta llegar a los 60cm.

Y, para que te des una idea de cómo era antes de todo esto, subió una foto suya antes de entrar al ejército y de pasar por esta locura del aceite.

¿Cuáles son los riesgos de hacer esto?

Según los médicos, el synthol puede causar embolias pulmonares, daño a los nervios, infecciones, derrame cerebral y quistes o úlceras llenos de grasa en el músculo.

Y a pesar de esto, Kirill planea seguir con su régimen, pues se siente orgulloso de cómo luce. Mientras que nosotros te recomendamos siempre optar por lo más saludable, y trabajar los músculos de la forma natural para evitar consecuencias graves que puedan costarte la vida.

Vía: La Silla Rota

Commentarios

commentarios